Empleo público ¿Un arma electoral?

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Micaela Bounchanavong

En estas últimas semanas, la administración pública volvió a ser uno de los temas de la agenda, tras las declaraciones del ministro de Modernización, Andrés Ibarra, quien señaló  la intención del Gobierno de introducir cambios en la formación y la capacitación de los trabajadores estatales.

Hace unos días, Malamud caracterizaba a lo que considero unas de las estrategias del Peronismo y del Radicalismo, “Lo que define al peronismo es la combinación de protección social con oportunidades políticas. Protección para los de abajo (los sectores populares), oportunidades para los de arriba (los dirigentes). La protección se encarna en derechos; las oportunidades, en poder. El peronismo “amplía derechos” para el pueblo. Al mismo tiempo, garantiza a sus líderes una carrera sólo limitada por su ambición” (…) mientras que el Radicalismo se definía por “les prometía, en vez de protección, oportunidades: de educación, de ascenso social, de empleo. A sus dirigentes, en vez de oportunidades, protección: cargos, contratos, entrar en planta”

¿Oportunidades de qué, protección para quienes? En ambos casos se podría tomar esas variables para definir al empleo público o a la administración pública para la política Argentina. En términos políticos, es un arma electoral, “un valor agregado” que les asegura votos y militancia a los dirigentes políticos; herramientas “casi” necesarias para competir electoralmente.

Según  (Panebianco, 1995), en los partidos políticos pueden existir dos tipos distintos de burocracia: una ejecutiva y una representativa. La burocracia ejecutiva corresponde a un cuerpo de funcionarios pagados que no ocupan cargos políticos de ningún tipo; funcionarios que son designados desde arriba para desempeñar actividades exclusivamente administrativas, mientras que la burocracia representativa es propia sobre todo de los partidos de masa. Se trata en este caso de funcionarios “pagados” que ocupan también cargos políticos, muchos de ellos electivos en la organización. En tanto que la burocracia ejecutiva se corresponde lógica de las administración pública, la burocracia representativa de determinados partidos y sindicatos.

No obstante, esta lógica, con el cambio de los partidos políticos, que tuvieron su “transformación” de partidos políticos de masas, en el sentido tradicional, a partidos políticos profesionales, cambio la lógica de la burocracia, combinando las funciones de la burocracia ejecutiva con la burocracia representativa

Por otro lado, es difícil medir a la administración pública en nuestro país. No existe un organismo estatal, encargado de construir y publicar información fidedigna, no hay datos estadísticos oficiales consolidados para los tres niveles de gobierno.

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Según un informe de Evolución de Puestos de Trabajo y Promedios de Remuneraciones y Costo Salarial de los Asalariados Registrados elaborado por el Indec, en el segundo semestre de 2015, ingresaron al Estado 64.676 nuevos empleados públicos, con lo cual significó un total 1.678.426. Dado que el cálculo se realiza con datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), la cifra total no incluye el número de trabajadores de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, debido a que nunca pasaron sus cajas de jubilados y pensionados al Estado Nacional:

“Respecto al sector público se construyó una clasificación propia que abarcara todos los organismos que se encontraban en la base de datos. La modalidad en la presentación de las declaraciones juradas a la AFIP por parte de los organismos públicos provinciales y municipales, implica que éstos declaran todos los asalariados que de ellos dependen en un solo CUIT, así nos encontramos por ejemplo con que el 90% de los asalariados registrados del sector público provincial se encuentran en la clasificación Gobernaciones provinciales; esto no permite identificar los sectores educación, salud y administración pública compatibles con la clasificación de sector de actividad. Debido a ello y a la poca utilidad para el análisis que presentan los datos se ha decidido publicar los sectores “Sector público provincial”, “Sector público municipal” y “Gobierno de la ciudad de Buenos Aires” agrupados” (INDEC, 2015, pág. 22)

Si realizamos un análisis de los datos actuales del PBI en Argentina, de la reducción del 3,8% con respecto a las cifras del INDEC de 2015, hubo un aumento del 1,2% de la administración pública, defensa y planes de seguridad social.

Sin embargo, Argentina no es el único país con un “Estado enorme”, según el informe de La organización para la cooperación y el desarrollo económico (OCDE) “Government at a glance”  que ofrece indicadores sobre los ingresos del gobierno, los gastos y el empleo. También incluye indicadores sobre cuestiones clave de gobierno y gestión pública, como la transparencia en la gestión pública, la gobernanza regulatoria, la contratación pública y la implementación de las reformas laborales y de remuneración.

Los países que lideran el ranking de los Estados con más empleados públicos, según el informe de “Government at a glance”,  son los nórdicos, Noruega, Suecia y Dinamarca, registran niveles iguales o superiores al 30% como porcentaje del empleo total. Dinamarca y Noruega rozan el 35%, mientras que Finlandia el 28 por ciento. En el mismo sentido, nuestro país lidera la a región. Por otro los países que registran menores porcentajes de empleo público son los países asiáticos y latinoamericanos, entre ellos Chile y México.

Por esto, considero  que no es cuestión de cantidad, sino de calidad. No es ilógico introducir cambios en la formación y la capacitación de los trabajadores estatales, diría que es casi necesario, para limpiar la imagen GENERALIZADA de la administración pública que se generó en estos años. Las cuestión no es echar a la gente que realmente trabaja en la administración pública, sino seguir formándola, el Estado lo hace, para esto, tiene a la INAP y convenio con distintas Universidades.

Pero un país con un déficit enorme, el problema sigue siendo la cantidad sobre la calidad y  el problema no es solo el “elefante con patas cortas” de la administración pública. Sumémosle a esto, la fragilidad de la transparencia institucional en nuestro país, a diferencia de la de los países nórdicos y el fin subyacente del empleo público: el empleo público es una herramienta electoral, un arma, un valor agregado para la elite política. Manejar puestos de trabajos del Estado, significa  asegurarse, militancia territorial y votos. Herramientas casi necesarias para mantenerse en el poder u ocupar (conquistar) puestos de poder.

 

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