Malvinas: ¿una política de Estado?

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Luis E. Esquivel

Recientemente se ha reportado la existencia de vuelos realizados por aviones de la Real Fuerza Aérea del Reino Unido entre aeropuertos de Brasil y las Islas Malvinas. A partir de ello, la Cancillería argentina realizó consultas a su par brasileña y presentó los reclamos diplomáticos correspondientes. Es entendible nuestra indignación: un país hermano, nuestro principal socio comercial y uno de nuestros principales socios estratégicos, permite que en su territorio se realicen estos vuelos, violando la solidaridad que rigen nuestras relaciones bilaterales y declaraciones y acuerdos realizados en foros multilaterales como UNASUR y MERCOSUR. Sin embargo, ¿es constante la política argentina en torno a las islas? Está claro que para poder exigir una reacción similar de parte de nuestros aliados, la respuesta debería ser sí.

Existe un reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y el espacio marino circundante constante desde la ilegítima ocupación británica en 1833. La creación de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur en 1990 y la incorporación de la cláusula transitoria primera en la Constitución en 1994 reafirman nuestros derechos soberanos, irrenunciables e imprescriptibles sobre la zona.

El reclamo argentino tiene un sólido sustento jurídico: la bula papal Inter Caetera de 1493 y el Tratado de Tordesillas de 1494 delimitaron que los archipiélagos que hoy reclama Argentina integraban el territorio del Imperio Español. Siguiendo las reglas de la sucesión de Estado, que poseen carácter consuetudinario (es decir, constituyen reglas de la costumbre internacional), luego de la independencia argentina los mismos pasaron a formar parte del territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, para integrar el territorio de la República Argentina al afianzarse los procesos de formación de las naciones sudamericanas.

Asimismo, siguiendo las teorías de la proyección geográfica, las islas conforman una extensión de la plataforma marítima del territorio continental argentino. Argentina afirma que Gran Bretaña violenta el derecho a la integridad territorial, reconocido por el Derecho Internacional, al evitar el ejercicio de la soberanía argentina sobre todo su territorio mediante la fuerza, y ha realizado protestas formales en 1833, 1834, 1842, 1849, 1884, 1888, y durante el siglo XX y XXI, en forma bilateral y en foros internacionales (1).  

Por otro lado, el argumento británico para ocupar las islas carece de sustento jurídico. La autodeterminación de los pueblos, principio clave en el proceso de descolonización que impulsó las Naciones Unidas, no es aplicable al caso ya que rige únicamente para los pueblos coloniales, dominados por una potencia extranjera, geográficamente separada y étnicamente o culturalmente diversa al pueblo que gobierna (2). Los isleños no son una población autóctona, sino que son una población implantada de origen mayoritariamente británico, mientras que la población originaria fue expulsada (3); tampoco se trata de una población sometida a dominación colonial, por lo que no constituye un pueblo (4) en los términos utilizados por el principio general del derecho internacional.

Por otra parte, Gran Bretaña evade la cuestión de que la ocupación forzosa de un territorio no puede generar derecho conforme el régimen jurídico actual, por lo tanto la ocupación forzosa no puede generar a su favor un derecho de soberanía sobre nuestro territorio. Cabe destacar que la Resolución 2625 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, al reconocer el derecho de autodeterminación de los pueblos, expresa que no autoriza ni fomenta el quebrantamiento de la integridad territorial de los Estados.

Con tan fuertes argumentos a nuestro favor, lo lógico parece ser que se deberían instrumentar  políticas  perdurables sobre el tema, particularmente luego del reconocimiento de la controversia por la resolución 2065 de la Asamblea General de la ONU de 1965 y los importantes logros diplomáticos que Argentina obtuvo para el año 2016: contamos con 9 resoluciones de la Asamblea General de la ONU, 32 resoluciones del Comité de Descolonización de la ONU, y 11 resoluciones y 18 declaraciones de la Organización de Estado Americanos, convocando a las partes (Argentina y el Reino Unido) a negociar y solucionar el diferendo por la soberanía en forma pacífica(5).

Sin embargo, realizando un seguimiento histórico de la cuestión se observa que no hubo un camino concreto que sobreviviera a los diferentes gobiernos argentinos, aunque todos hayan mantenido intacto el reclamo de soberanía. En la década de 1960 obtuvimos el reconocimiento de la controversia en las Naciones Unidas  y a partir de allí construimos un camino de cooperación entre las Islas y el Reino Unido, cristalizado con la firma de acuerdos que se reflejaba en programas de becas escolares, envío de maestros a Malvinas, la provisión de combustible por YPF y la construcción de un aeropuerto en Puerto Argentino que contaba con vuelos frecuentes operados por Líneas Aéreas del Estado (LADE).

Durante este período, afirma Carlos Ortiz de Rozas que hubo un acercamiento tal entre autoridades argentinas y británicas que reconocieron (al menos en conversaciones privadas) que el archipiélago perdió valor estratégico para los británicos y que en las Naciones Unidas progresaba la posibilidad de un retroarriendo que finalizaría, luego de unos años, con la entrega de la soberanía plena a Argentina(6). Pero estos avances quedaron truncos con la interrupción de la democracia en 1976 y el impulso de una guerra ejecutada por un régimen totalitario en búsqueda de preservar su poder.

Luego de la Guerra no se logró consolidar nuevamente una política estable hacia los habitantes del territorio ocupado y el Gobierno del Reino Unido. Oscilamos de tensiones a paraguas (7), de ositos de peluche (8) a bloqueos de actividades económicas, de un trato cordial con los isleños a negarles el saludo.

Existen victorias de la diplomacia argentina en los momentos en que se han establecido políticas de Estado que perduran a través de diferentes gobiernos: lo demuestran los recientes resultados  de la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU al determinar la extensión de la plataforma continental argentina.

Cuando los diferentes partidos puedan definir una política de Estado, podría convocarse a los sectores artísticos, culturales, el sector privado y la sociedad civil para consolidarla.

Se debe procurar una mirada integradora: Argentina no tiene en cuenta los deseos de los isleños,  considerando que la controversia es bilateral, lo cual coincide con los argumentos jurídicos señalados anteriormente. Sin embargo Viñuela nos recuerda que esto llevó a una “ficción de que los isleños no existen”(9), esto contraviene los términos de la Resolución AG 2065, la cual convoca a Argentina y al Reino Unido a negociar teniendo en cuenta los intereses (no los deseos) de los isleños. Tampoco debemos olvidarnos las disposiciones del artículo 3 de la Ley 21795 que reconoce el principio del Ius Soli, según el cual las personas nacidas en territorio argentino, como lo son las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur y el espacio marítimo circundante, son considerados argentinos nativos.

No sólo debemos pensar una política que considere a los isleños, sino que es conveniente no entender a la negociación por la soberanía con ideas revanchistas desde una mirada de un juego de suma cero. Podemos negociar con el Reino Unido en diversos temas de la agenda bilateral, buscar áreas de cooperación, pero jamás ceder nuestros derechos soberanos sobre las zonas ocupadas.

En el proceso de consolidación de una política de Estado, cuyo eje central es la reclamación de nuestros derechos soberanos en el marco de las soluciones pacíficas de controversias establecido en 1945 con la firma de la Carta de la ONU, se deberá continuar consolidando el apoyo regional y de terceros Estados (por ej. España que cuenta con una controversia similar en el territorio de Gibraltar o China con la experiencia de Hong Kong).

No debemos dar por supuesto el apoyo regional. Durante la Guerra de Malvinas no lo teníamos. De hecho, enfrentábamos relaciones tensas con Chile por el Beagle, con México por el asilo otorgado al ex Presidente Cámpora y con Cuba por la desaparición de empleados de su embajada(10). Recién a finales de la década de 1980 y principios de 1990 se logró un apoyo más consolidado de la región, que continuó profundizándose durante los últimos años.

La causa de Malvinas, una causa que debe unirnos, exige el trabajo conjunto de los diferentes partidos para establecer una política de Estado, entendiendo que en el debate y en el disenso podemos construir un consenso cuando tenemos un objetivo en común expresado en la Constitución Nacional: “La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del derecho internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino”. Sólo encontrando una coherencia interna podremos exigir (y esperar) una verdadera coherencia de nuestros aliados.

Referencias bibliográficas:

(1) Sanchíz Muñoz, José R. “Historia Diplomática Argentina”. Eudeba. 2010. Bs. As.

(2)Barboza, Julio. “Derecho Internacional Público”. Zavalia. 2008. Bs. As.

(3)Taccetti, Victor. “Malvinas: No bajar los Brazos”. Archivos del Presente, Año 21, Número 65. 2017. Bs As

(4) Sanchíz Muñoz, José R. “Historia Diplomática Argentina”. Eudeba. 2010. Bs. As.

(5) Lanus, Juan A. “Una Causa Nacional en un mundo complejo” en “Repensando Malvinas”. Edit. El Ateneo 2016. Bs. As.

(6)http://www.lanacion.com.ar/1455991-la-propuesta-secreta-de-los-ingleses-a-peron-por-las-malvinas

(7) Se denomina cláusula paraguas a un acuerdo entre Estados de congelar las reclamaciones de soberanía durante un lapso de tiempo para avanzar en otras cuestiones de las relaciones internacionales entre dichos Estados.

(8)Se hace referencia a la denominada “políticas de seducción” del ex Canciller Guido Di Tella quien instauró una política de obsequiar osos de peluche y enviar tarjetas festivas a los isleños por las fiestas de fin de año.

(9)http://www.losandes.com.ar/article/argentina-vista-desde-las-islas-malvinas

(10) Moya Domínguez, María T. “Manual de Derecho Internacional Público”. Ediar. 2004. Bs. As.

 

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