¿Los sindicalistas defienden los derechos de los trabajadores?

Agustina
Agustina Pizarro

En los titulares de los principales diarios podemos leer la noticia de un sindicalista “amenazando” aquellos trabajadores que no se adhieran el Jueves 6 de Abril al paro general y provocar disturbios o daños sobre la herramienta de trabajo de aquellos trabajadores que supuestamente representa y defiende.

Entonces ¿Cuál es la obligación del sindicalista? ¿Amenazar a sus trabajadores? ¿Acomodar a su gente? ¿Utilizar la necesidad del trabajador en su lucha de poder?  La respuesta es NO.

Los sindicatos surgieron en Argentina a partir de la sanción de la Constitución Nacional de 1853 que reconoció el derecho a la libre asociación, pero que no incluyo a los sindicatos, agrupación de tipo gremial, producto de la aparición de una industria incipiente. En 1857 se creó la primera organización obrera “La sociedad tipográfica Bonaerense”, que tenían como objetivo defender los intereses más generales de la clase obrera, que logro que en 1879, reducir la jornada laboral a 12 horas, impidiendo que trabajen menores de 12 años y el aumento de sueldos. Estos logros se perdieron, igual que el sindicato.

El sindicalismo en 1943 fue creciendo conjuntamente con el desarrollo industrial, organizadas por profesiones de diferentes rubros. Durante el gobierno de Juan Domingo Perón se sancionaron varias leyes que admitió el derecho sindical democrático. Durante el mandato de Perón la CGT cumplió un papel importante, logrando en corto tiempo, de 300.000 a casi 3.000.000 de afiliados.

Durante el gobierno del Presidente Raúl Alfonsín  se manifestó durante la campaña la existencia de un pacto entre sindicalistas y militares, declarando una lucha contra la corrupción sindical, y negando la negociación colectiva de salarios, lo que enfrento al gobierno con los sindicatos,  realizando 13 huelgas generales. Viendo la imposibilidad de gobernar con la oposición de los sindicatos, el Presidente Alfonsín debió incorporar al gabinete como Ministro de Trabajo, al Secretario General de Luz y Fuerza.

El Presidente Carlos Menem asumió a la presidencia del país, que respondía a la ideología social peronista, durante su segundo mandato, privatizo las empresas del estado, dejando a muchos obreros fuera del mercado laboral, incrementando el trabajo en negro, con leyes sobre flexibilidad  laboral, que introdujeron al país. Durante esa época los sindicatos apoyaron al gobierno menemista, salvo algunos sectores industriales aislados y los de transporte privado, que luego conformarían la MTA (movimiento de trabajadores argentinos) en 1994.  

Hacia el gobierno del Presidente Fernando de la Rúa, reapareció la “carpa blanca docente” organizada por la CTA símbolo del deterioro económico sufrido por los docentes y los trabajadores en general. La CTA y el MTA apoyaron el ascenso del radical Fernando de la Rúa, a pesar de todas las esperanzas puestas en ese gobierno, todo continuo igual o peor.

Las manifestaciones de los trabajadores fueron reprimidas, en los primeros días de su gobierno, costando dos vidas, cuando los trabajadores cortaron la circulación, que une Resistencia con Corrientes. Una nueva división de la CGT se produjo en Marzo del 2000 liderada por Rodolfo Daer y Hugo Moyano. El 5 de Mayo se produjo la primera huelga general, repitiéndose la medida en Junio y Noviembre del mismo año. La cuarta huelga general se produjo en Marzo del 2001. El movimiento de piqueteros, desempleados apoyados por la CTA comenzó hacer frecuente el corte de rutas impidiendo la libre circulación.

En el año 2002, la devaluación y posterior caída del salario real opero como condición de movilización y organización de los sectores salariales, provocando disturbios y enfrentamientos con diferentes sectores del Estado Nacional. En  Avellaneda el 26 de Junio de 2002,  la Policía Bonaerense (en el marco de un operativo en conjunto con las Fuerzas de  Seguridad, Policía Federal,  Gendarmería, Prefectura y la SIDE)  asesino a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki dos militantes de las organizaciones populares. Estos hechos constituyo el cierre de las luchas sociales que comenzó en el año 2001.

Con la fuerza y la debilitación por la recesión y alta desocupación que produjo la crisis del 2001 el gremialismo reconstruyo su poder con la llegada del Presidente Néstor Kirchner a la Casa Rosada. El nuevo gobierno conto con el apoyo de la CTA, que ha mantenido el reclamo de la personería gremial planteado por esta central desde su surgimiento. El kirchnerismo busco mantener uno de los pilares del sindicalismo peronista: el monopolio de la representación a través de sindicatos de actividad, que continúo durante el gobierno de la Presidente Cristina Fernández de Kirchner con sus aciertos y sus desaciertos.

Los sindicatos fueron  importantes en la historia de nuestro país, en la actualidad su rol debe repensarse y actualizarse con los cambios que se dan en el mundo laboral dado por las innovaciones tecnológicas y los nuevos modos de comunicación.

Los gremios necesitan ser trasparentes con sus trabajadores, deben lograr que cada trabajador se sienta parte de la organización, representados por sus líderes, que luchan por sus necesidades y no por una cuestión política (por encontrarse a favor o en contra de determinado partido político), deben lograr la “democracia sindical”.

Todos los trabajadores podemos ejercer la “huelga”, a ser escuchados mientras no afectemos aquellos que no quieran adherirse o simplemente quieran circular libremente por la cuidad, dos derechos protegidos constitucionalmente.

La lucha siempre merece la pena si el fin vale la pena y si  los medios son honestos.

Como sindicalista, trabajador o simplemente ciudadano hay que recordar que “el trabajo en sus diversas formas gozara de la protección de las leyes, las que aseguran al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y la colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática reconocida por la simple inscripción en un registro especial.

Queda garantizado a los gremios: concertar convenios colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho a huelga (…)” Articulo 14 bis Constitución Nacional.

Considero que es el momento de que evolucionemos como sociedad y que con adultez y sin egoísmos personales, tratemos de elegir responsablemente la manera de que se respeten nuestros derechos y reclamos sin afectar el de otros.  

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