Empleo joven: el desafío es la educación

 

Eric
Eric W. Grosembacher

 

 

El martes y miércoles de esta semana se llevó a cabo la Expo Empleo Joven, organizada por el Gobierno de la Ciudad en La Rural: un encuentro con el objetivo de visibilizar “oportunidades de inserción laboral y desarrollo profesional en las empresas más importantes del país”. Si les preguntáramos a los miles de jóvenes que asistieron qué les aportó el evento, muy probablemente la mayoría de ellos coincidiría en la respuesta: poco y nada.

Hasta cuatro horas de cola, ninguna o casi ninguna empresa recibía el curriculum vitae en sus stands y la mayoría los dirigía a enviarlo por la web (sin contar que gran parte solamente estaba en búsqueda de estudiantes de carreras específicas como ciencias económicas o ingeniería). Esto fue la realidad con que los asistentes se toparon y no tardaron en expresarlo en las redes sociales con fuertes críticas al gobierno de Rodríguez Larreta.

Pero antes de caer en la misma trampa, rebobinemos un poco. ¿Qué hace que sea tan difícil para los jóvenes conseguir un primer empleo? No es sólo responsabilidad del Gobierno de la Ciudad ni de los jóvenes o las empresas.

En primer lugar me permito plantear un interrogante como joven que no hace mucho tiempo estuvo en ese lugar: ¿no está en muchos casos sobrevaluada la experiencia a la hora de orientar una búsqueda de personal? Son muy pocas, y me atrevo a decir cada vez menos, las empresas que contratan empleados novatos. Incluso cuando se trata de tareas sencillas, muchas veces prefieren restringir la búsqueda antes que invertir en capacitación. Si bien puede ser comprensible, su costo de hacerlo es renunciar a la posibilidad de acceder a mejores perfiles potenciales que el día de mañana podrían lucirse. Además de, lógicamente, tener que pagar un salario más alto a quien posee mejores antecedentes.

Con respecto al Gobierno de la Ciudad, resulta importante valorar su intención de ofrecer un espacio donde la oferta y la demanda laboral puedan conocerse. Si las empresas eligen no usarlo con el objetivo pensado, es responsabilidad exclusiva de ellas. La tarea del Estado debe ser, en todo caso, buscar nuevas formas de incentivarlas, pero jamás imponerles lo que deban hacer a la hora de seleccionar postulantes (ya sabemos cómo terminan esas historias: menos eficiencia, trabajo en negro, más desempleo, etc).

Sin embargo, sí hay una responsabilidad de este gobierno y de toda la clase política en el principal de los puntos que lleva a la dificultad de los jóvenes a la hora de acceder a un primer empleo: la educación.

Argentina mantiene un sistema educativo que no ayuda en absoluto a que los jóvenes adquieran herramientas para salir a un mundo que exige competencias muy distintas en este siglo. Desde lo más sencillo, como comprender textos (los resultados de los exámenes Aprender demuestran serias dificultades en esta consigna), hasta manejar programas informáticos como Excel o, por ejemplo, contar con nociones de programación.

En palabras del ex Secretario de Políticas Sociales de la Nación, Daniel Arroyo, “es necesaria una reforma que revise los objetivos de la escuela secundaria y los vincule con los sectores productivos y los intereses de jóvenes que incorporan muy rápido las nuevas tecnologías” y una de las posibles acciones que considera recomendables es el sistema dual en la escuela secundaria. Arroyo explica que “existe un abismo entre la escuela y el trabajo. De hecho, gran parte de los jóvenes desocupados tienen secundaria completa. Para achicar esa brecha, la idea es ir al sistema dual (en los últimos años, un joven está en la escuela y además hace pasantías o capacitaciones específicas) de modo que vaya empalmando estudio y trabajo”.

Propuestas sobre cómo generar una revolución en el sistema educativo sobran: los especialistas Luisa Montuschi, Roberto Igarza, Alberto Taquini, Juan Carlos de Pablo y Edgardo Zablotsky expusieron sus ideas en un panel sobre “La Educación para la Argentina por venir” el pasado jueves en la Universidad del CEMA, y lo hacen periódicamente en artículos periodísticos, publicaciones y demás conferencias, junto a decenas de académicos. Pero sin el aval de la sociedad y la clase política, difícilmente se puedan implementar.

Es hora de enfrentar el hecho de que un millón y medio de jóvenes de 18 a 24 años ni estudian ni trabajan regularmente. Que todos ellos puedan incorporarse a la sociedad productiva y adquieran el capital humano que les permita desarrollarse es el desafío.

Los argentinos debemos ocuparnos antes de que se haga más tarde. Si queremos hacer un verdadero cambio, reducir el desempleo y sacar a un tercio de los argentinos que hoy están en la pobreza, no podemos mirar para otro lado: la educación es la única respuesta.

 

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