Asignación Universal por Hijo

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Ludmila Chalon

Nuevamente se reavivó la polémica sobre la entrega de asignaciones familiares o asignaciones por hijo.

La famosa cantante Lucia Galán expresó con mucho convencimiento que había una gran cantidad de mujeres que concebían hijos con el fin de percibir el beneficio que el Estado dispone a las familias de menores ingresos y así contribuir con el cumplimiento de las necesidades básicas de los menores de edad.

Independientemente del momento de sensibilidad social que hoy en día atravesamos y la ola de corrección política que de alguna manera censura o ataca muchas de este tipo de opiniones, los dichos de la cantante son un mito urbano que corre entre un numeroso grupo de la población Argentina.

Hoy por hoy, nuestro país no cuenta con ningún medio para el control del destino de los fondos públicos entregados en forma de subsidios a las familias. Nada garantiza que del primer al último centavo sea el niño el beneficiario de la asignación.

Galán comentó con soltura una supuesta realidad, pero actualmente no podemos comprobar o negar certeramente nada de lo que ha dicho, porque no contamos desde el Estado con ningún control sobre los gastos que las familias beneficiadas con esta asistencia social.

Podemos suponer, de buena fe que esto no es verdad, pero si lo fuera: ¿debería el Estado seguir dilapidando fondos públicos en cosas que no son prioridad?

El control sobre el dinero de los subsidios estatales no es caprichoso, es una necesidad para cada niño que puede hoy no estar viviendo en las mejores condiciones por el mal destino de este derecho que le corresponde; pero también lo es para cada uno de los contribuyentes del fisco Argentino, que tienen derecho a saber el destino genuino y final de sus aportes.

En el mundo hay numeroso casos de asistencias similares, y los controles que tiene son perfectamente imitables en nuestro país. Sin embargo este punto clave parece no estar presente en la agenda de los legisladores y políticos argentinos.

Volviendo a apelar a la buena fe, uno podría suponer que esto se evita por una cuestión de falta de tiempo, o porque simplemente se ignora. Pero cualquier que conozca la realidad argentina no puede caer en esta ingenuidad.

En los barrios de todo el país nos encontramos figuras nefastas como los punteros, que lucran muchas veces quitando un porcentaje de las asistencias que ayudan a conseguir u otorgan a la gente de su territorio. Pero los punteros no trabajan para ellos mismo, responden a políticos y a partidos que también sacan beneficio de estos inescrupulosos aprietes a la gente con necesidad, ya sea por el voto cooptado que esto representa o monetario.

Pareciera que la AUH y la AUF, no nacieron para satisfacer las necesidades básicas de los niños, porque a nadie le preocupa que realmente ese dinero les llegue como corresponde. Parece que la AUH y la AUF fueran una herramienta más para el clientelismo, para el apriete y para degenerar éticamente a nuestra sociedad.

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