Las Fuerzas No Armadas

 

Tomas
Tomás Bronzovich

Desde los albores de la globalización, la visión de las relaciones internacionales ha ido cambiando, llevándonos a afirmar que el viejo sistema de puja de poder se desmoronó, transformándose en uno de interdependencia compleja entre múltiples actores, donde el la diplomacia, el consenso, y la cooperación son los principales métodos por los que la mayoría de los Estados se relacionan y persiguen objetivos. Pero entonces, ¿Por qué nadie dejo de invertir capital en sus fuerzas armadas? ¿Por qué fracasan continuamente las distintas conferencias de los líderes mundiales al tratar sobre el desarme global?

Pese a la mutación del sistema, en el fondo la visión Realista sigue marcando el camino: la supervivencia del Estado (el Statecraft). A pesar de la reinante diplomacia global y la ausencia de guerras que involucren directamente a varias Naciones, los gobernantes parecen no tener garantías suficientes para dejar de producir y comprar armamento.

Durante el Siglo XX, en términos de guerras entre Estados, Latinoamérica fue catalogada como una zona de no guerra, es decir que no hubo guerras concretas entre países de la región (limitándose solo a amenazas),  pero todos estuvieron preparándose continuamente para un posible conflicto bélico. Además el foco estuvo puesto en los enemigos internos, y no externos; la conocida historia entre los gobiernos, las fuerzas armadas, y las guerrillas.

La República Argentina fue una de las principales potencias latinoamericanas durante el siglo pasado, incluso militarmente, y no debería esperarse menos de un país tan rico naturalmente; es la octava superficie mundial en territorio, lo que implica tener un gran margen de fronteras que defender; y posee una de las mayores reservas de agua dulce del mundo, entre otros valiosos recursos. A pesar de esto, los procesos de democratización latinoamericanos de las décadas de los ´80s y ´90s (incentivados por la hegemonía estadounidense que ya no veía en las dictaduras militares el método apropiado de control) trajeron un rotundo cambio: Argentina nunca más volvió a invertir gran capital en sus fuerzas armadas.

Esto ha generado debates en la sociedad, y quienes defienden la no compra de armas con distintos argumentos, no han conseguido dar un argumento realmente sólido para afirmar que “Argentina no necesita fuerzas armadas”.

Decir que “ya no hay guerras” o que “la comunidad internacional ya no lo permite”, aunque por fuera del Siglo XIX (procesos de independencia), no hubo grandes guerras entre países de la región, la historia demuestra ser cíclica y anárquica, o en otras palabras, desconocemos lo que ocurrirá, y con tales reservas naturales, pensando simplemente en un posible problema de escasez en el futuro, ¿Argentina debería limitarse a apelar a la comunidad internacional en caso de una amenaza externa? Como ejemplo tomemos el accionar de Vladimir Putin en Ucrania para ver como el sistema internacional no funciona. ¿Debe nuestro país estar siempre especulando con que un tercer Estado apela a defender NUESTROS intereses? No podemos escudarnos en una mera especulación optimista.

También nos encontramos con quienes afirman que “no hay que gastar en armas cuando hay necesidades poblacionales más urgentes”. Es cierto, siempre hay cuestiones que deben ponderarse sobre invertir en armamento, pero esto no implica relegarlo por completo. La correcta gestión del presupuso nacional, que tiene una parte de su PBI asignado a las fuerzas armadas, supone dividir eficientemente estas inversiones. Tomemos como ejemplo a distintos países sudamericanos que, aún con necesidades urgentes, no dejaron de actualizar su armamento: Chile, con Bachelet, y Brasil, con Lula da Silva, invirtieron 2 mil millones y 8.7 mil millones de dólares en armamento en 2009, respectivamente. La Venezuela de Chávez 11 mil millones en 2011, e incluso el gobierno de Perú aprobó la compra de armas por 2.3 mil millones en 2013. Todos alegaron al mismo argumento para justificarse: SEGURIDAD, no guerra. ¿Argentina? A pesar del informe sensacionalista de Roberto Navarro en C5N en marzo de este año (basándose simplemente en un pedido de presupuesto del ex embajador Martín Lousteau al gobierno estadounidense) de una compra de 2 mil millones de dólares en armas a Estados Unidos, la realidad es que el Estado no realiza una adquisición de estas magnitudes desde la Guerra de Malvinas de 1982.  

Finalmente, hay quienes refugian el debate trayendo a memoria los recuerdos sobre los aberrantes hechos cometidos por la última dictadura militar, principal razón que ha conseguido el sistemático desmantelamiento, y trato despectivo a las nuevas generaciones de miembros de las fuerzas. Simplemente hay que decir que de ninguna manera se debe mezclar el accionar de un gobierno de facto anterior con el derecho a la legítima defensa de una Nación soberana. La historia sigue viva, y la justicia argentina tomó cartas en el asunto, pero hay una gran brecha entre condenar a antiguos gobernantes por su extremismo y dejar al país sin fuerzas armadas, directamente.

Este análisis no busca reivindicar a la guerra, o la famosa máxima latina Si vis pacem, para bellum (“Si quieres paz, prepárate para la guerra”), sino mostrar que Argentina como nacion, hoy no posee las herramientas básicas para aplicar su derecho de legítima defensa del territorio nacional. Las fuerzas armadas han sido dejadas de lado, en gran parte por hechos del pasado, y quienes servirían hoy a la patria en un caso extremo son continuamente ninguneados por actos que ellos no fueron responsables.

Hay quienes afirman que en vez de tenerlas en este estado obsoleto, habría que desmantelarlas por completo. Como adherente a la visión realista, esta opción resulta inviable. Además de los ya aplicados métodos de neocolonialismo por parte de las grandes potencias, esto significaría, a futuro, entregar nuestro territorio “en bandeja” a quien quiera tenerlo.

En teoría, al Ministro de Defensa, Julio Martínez, se le asignó un presupuesto del 4% del PBI para las fuerzas en 2017, un aumento sustancial considerando las gestiones anteriores. Razón por la cual podemos sentirnos optimistas, esperando que Argentina renueve sus herramientas en materia de defensa, como hacen históricamente los Estados que buscan perdurar en el tiempo; porque si seguimos buscando ser el gran propulsor del desarme mundial efectivo con este tipo de descuido, no solo estamos lejos de lograrlo, sino que nos encontramos totalmente expuestos.

3 comentarios en “Las Fuerzas No Armadas

  1. Gracias, Tomás, por hacer mención a este tema que suele ser invisibilizado.
    Particularmente, concuerdo con la visión de que para tener FFAA completamente incapaces de cumplir su misión (como es hoy en día, si nos alejamos de las misiones en tiempos de paz, que aún hoy, con cierta fuerza anfibia y de transporte aéreo, puede cumplirse), es mejor no tenerlas.
    Pero desde luego, soy partidario de que es mejor tenerlas, hoy en día, aún cuando, como liberal uno esperaría la extinción de los conflictos.

    El problema radica en que el abandono de varios años, no se compensa con un aumento a niveles “normales” de gasto/pbi o gasto nominal, y mucho menos a una compra de, como citás en el artículo, 2 o 3 mil millones de dólares (algo que se corresponde a la modernización del componente aéreo, algo de lo más urgente, por ejemplo), sino que se tiene que compensar con un sobregasto durante varios años, para luego estabilizarlo una vez “normalizada” la situación patrimonial y operacional de las fuerzas.
    Si no, continuando con el ejemplo, terminarías en la situación de “compré cazas nuevos”, pero no tengo ni cómo transportar su logística, ni dónde hangarearlos, ni cómo defenderlos cuando están en tierra, ni cómo vectorearlos para una intercepción, etc.

    Saludos!

    Me gusta

    1. Hola Joaquin, gracias por tu comentario.

      Estoy totalmente de acuerdo, por invertir capital en las FF AA me refería no solo a comprar armas, sino a renovarlas por completo. Eso implicaría tambien planificar nuevos programas de logística, infraestructura, equipamiento técnico, incentivación para la incerción de nuevos miembros a las tres fuerzas, sistemas de pagos, etc.; es decir, todo lo que implica trae innovaciones a cualquier institución del Estado que deba ser actualizada. Y, por supuesto, lleva tiempo.

      Las citas de inversiones por millones de dólares de países de la región en sus fuerzas fueron a modo de ejemplo, para mostrar que Argentina fue la que, por ahora, no tomó medidas de esta índole. El aumento del PBI simplemente nos da razones para pensar que puede empezar a cambiar la situación, pero no garantiza nada.

      Saludos.

      Me gusta

  2. Estimado, me ha gustado tu artículo. Sólo una corrección. El siglo XX tuvo un conflicto prolongado y sangriento en su primera mitad. Fue la denominada Guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia, habiendo tomado nuestro gobierno decidido partido por la causa guaraní. Desde material bélico hasta instructores militares fueron enviados al Paraguay y la diplomacia argentina tuvo una constante y activa participación. Además hubo conflictos menores como el de Perú y Ecuador. Saludos.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s