El peligro de las denuncias en las redes sociales

 

 

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Uriel Splenser

Está a la vista el hecho de que las redes sociales han cambiado nuestra manera de interactuar con el entorno, siendo cada vez mayor la cantidad de personas que utilizan Facebook, Twitter o Instagram como fuente de noticias. Y aquí existe una cuestión importante que debemos tener en cuenta: así como en estos tiempos somos consumidores de información a través de las redes sociales, también tenemos a nuestro alcance la posibilidad de generar dicha información.

Las ventajas que trae la generación de información por parte de cualquier individuo son evidentes y no hay que pasarlas por alto. Esto permite acortar distancias, promover debates con expresión de distintas ideas, difundir información importante, solicitar ayuda por la pérdida de una mascota, y así se podría seguir enumerando beneficios. Sin embargo, estos avances también presentan riesgos y desventajas. Tener el poder de crear contenidos para que otros consuman es un “arma de doble filo”, ya que información falsa o de carácter ambiguo es publicada día a día a través de perfiles falsos o cuentas de fantasía; dejando a la institución jurídica de la responsabilidad civil o penal vacía de contenido, debido a la imposibilidad de materializar e individualizar al o los sujetos contra quien ejercer acciones legales.

Se ha vuelto rutinario ver, sobre todo en Facebook, infinidad de denuncias hacia una persona con la sola imagen de ella, acompañadas con una declaración del denunciante, quién afirma haber sido agredido por ésta. Así, la persona se convierte  automáticamente en un supuesto victimario a través de un relato que puede ser manipulado con suma facilidad.

La problemática de las falsas denuncias pone en jaque un principio constitucional conocido como la presunción de inocencia: “Se presume que todo acusado es inocente, hasta que se pruebe que es culpable”, como afirma el artículo XXVI de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; texto que goza de jerarquía constitucional en virtud del artículo 75 inciso 22 de la Constitución Nacional desde la reforma de 1994.

Analizando jurídicamente el típico caso del individuo que realiza la denuncia mencionada anteriormente, queda en evidencia que el único elemento de prueba presente es el testimonial, el cual a su vez carece de valor judicial, ya que no aplica el correspondiente procedimiento de declaración ante un magistrado (donde el testigo es advertido sobre su deber de decir la verdad y la aplicación del delito de falso testimonio ante su incumplimiento). Por lo tanto, es evidente que la mayor parte de las denuncias que compartimos en nuestras redes sociales carecen de una mínima certeza, al ser meros testimonios que no contemplan el principio constitucional antes mencionado.

Corresponde adentrarnos ahora en los tecnicismos que existen en el ámbito. Consideraremos la situación particular, desde un punto de vista jurídico, de los siguientes sujetos: -Quien genera la denuncia falsa; -Quien comparte dicho contenido sin saber de su falsedad; y finalmente, -Quien lo comparte a sabiendas de la falsedad. Como aclaré anteriormente, en muchos casos es dificultoso atribuir la conducta a cierta persona, pero imaginemos una hipótesis en la cual podemos identificar a cada uno de estos sujetos.

Desde la óptica del Derecho Penal, las responsabilidades se dan de la siguiente manera:

– Quien genera la denuncia falsa: no existe ninguna duda sobre su encuadramiento en el delito de calumnia, o falsa imputación de un delito, siendo castigado por nuestro Código Penal con una multa que varía entre los $3.000 y $30.000.

– Quien comparte la denuncia falsa sin saber de su falsedad: no responderá penalmente, ya que tanto el delito de calumnia, como el de la publicación o reproducción de la calumnia inferida por otro, son de tipo doloso (dolo implica conocimiento e intención de cometer un delito). Es decir, requieren la intención por parte del autor, la cual en este supuesto está viciada, ya que desconoce la falsedad de la publicación que está reproduciendo.

– Quien comparte la denuncia falsa a sabiendas de su falsedad: tampoco responderá penalmente siempre y cuando atribuya el contenido de la falsa denuncia en forma sustancialmente fiel a su fuente, como indica nuestro ordenamiento legal. Al compartir la denuncia, no sólo se está citando la fuente, sino que se lo hace de una manera totalmente fiel a su contenido.

Si analizamos la cuestión desde el punto de vista civil observamos que:

– Quien genera la denuncia falsa: responderá civilmente por el daño ocasionado, afrontando su reparación (además de la multa penal).

– Quien comparte la denuncia falsa sin saber de su falsedad: en principio, no responderá civilmente por el daño ocasionado. Sin embargo, se puede imputar con “culpa grave” al usuario al compartir la denuncia y hacerlo responsable en virtud del artículo 1771 del Código Civil y Comercial. Culpa grave implica la omisión de tomar los recaudos necesarios para advertir que la publicación no goza de veracidad alguna, y cuando existe ésta se debe reparar el daño.

– Quien comparte la denuncia falsa a sabiendas de su falsedad: siempre debe indemnizar el daño que ocasionó. Probar el conocimiento de la falsedad es de por sí complejo y no debe presumirse. Estará a cargo del denunciado advertir que quien compartió el contenido lo hizo sabiendo que este era falso.

La reproducción o publicación de calumnias es una conducta que causa un grave e injusto perjuicio al honor de una persona, razón por la cual este último sujeto puede reclamar una reparación por la vía del derecho civil (exceptuando a quién compartió la falsa denuncia sin culpa grave). Rige plenamente el principio jurídico de “quién causa un daño, debe repararlo”. Igualmente, desgraciada es la solución que da el derecho penal. El artículo 113 del Código Penal debe ser reformado, al no ser jurídicamente correcto que se exonere de pena a aquel que reproduce una calumnia de manera dolosa por el hecho de citar la fuente. Al menos, nuestro ordenamiento debería establecer garantías para que una cuenta falsa o de fantasía no pueda ser considerada como fuente a los efectos de dicho artículo.

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