Evitemos la amnesia histórica

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 Mariana Ladrón de Guevara Zuzunaga

 

 

¿Qué sentido tiene preguntarse sobre el pasado? Heródoto de Halicarnaso, el padre de la historia, también se planteó esa pregunta más o menos en el año 430 a.C. En su libro Historae hizo la primera descripción del mundo antiguo pero, ¿para qué? ¿Por qué escribir un relato de las acciones humanas? Principalmente, quiso proporcionar información sobre las luchas entre griegos y persas pero su objetivo fue exclusivamente “evitar que las hazañas de las generaciones que lo precedieron sean relegadas al olvido”. Actualmente, pareciera que vivimos en una sociedad que tiene los ojos vendados. Podríamos culpar a la rapidez y caos del vivir cotidiano o a la tecnología y publicidad que nos dan toda clase de información a cualquier hora, de lo que queramos y hasta donde queramos. No nos damos cuenta que todas las cosas que hacemos o decimos están formadas por pasado, por vivencias, por historias. Si uno no es consciente de lo que trae consigo mismo para poder analizar por qué actúa de una u otra manera está condenado a repetir errores totalmente evitables.

Como seres racionales, una de nuestras características es la capacidad para reflexionar, pero la reflexión está compuesta por la memoria. La facultad para conservar determinadas informaciones liga ante todo una malla de funciones psíquicas, con las cuales estamos en condiciones de actualizar y crear nuevas memorias que imaginamos como pasadas. Digo imaginamos porque en realidad lo que sucede es que todo aquello que nuestro cerebro almacena no se queda estancado en un tiempo determinado de nuestras vidas sino que lo usamos todo el tiempo. Las memorias son aquellas que nos guían en decisiones, en soluciones y en prevenciones. Nuestros recuerdos nos dan identidad.

Somos construidos por nuestra memoria todos los días porque inconscientemente todo aquello que impacta en nuestras vidas se queda grabado como un archivo adjunto en nuestro cerebro. Lo que nos gusta y lo que no, a lo que le tememos y lo que amamos. Jacques Le Goff, historiador francés, decía que las materias primas de la historia eran el tiempo y el cambio. Si la memoria nos la da el tiempo, el cambio nos lo da la reflexión.

Pero no confundamos memoria con historia. La memoria nos ayuda a entenderla, es un complemento mas no un sustituto que además, es portada sólo por individuos que experimentaron hechos o que creen haberlo hecho. La historia require mucho más que recuerdos, necesita análisis. La memoria histórica es una herramienta social crucial para entender lo que sucede en la actualidad, que no sólo es útil sino también imprescindible para conocer nuestra cultura, nuestras raíces, nuestros comportamientos. Para avanzar es necesario siempre mirar hacia atrás, así, sin clichés.

El problema está cuando, como sociedad, no tomamos en cuenta nuestra memoria histórica. La globalización es un arma de doble filo en cuanto a manejo de información. En esta era vivimos con un pie en el futuro y otro en el presente, pero si nos detenemos un poco, ¿cuántas veces nos pusimos a pensar por qué una calle tiene ese nombre? ¿Por qué interesa tanto la conservación del Patrimonio Cultural? O simplemente, ¿por qué nos enseñan historia en el colegio? ¿Qué sentido tendría memorizar fechas y nombres si no podemos reconocer la influencia que estos tienen en el presente?

Hemos abandonado nuestra sensibilidad histórica debido a que la supremacía del presente se ha vuelto un juez que todo lo sabe (o cree saber) y todo lo ve. Es el registro de temporalidad con el que vivimos nuestro cuerpo, nuestra vida familiar, nuestro placer y nuestro juicio. El peso del presente oscurece nuestra proyección a futuro. Cuando uno sabe de dónde viene es casi un mecanismo automático saber a dónde va porque permitimos que el pasado nos prepare para el futuro. Precisamente por eso y más ahora que nunca, hay que hacernos preguntas, hay que analizar la realidad social en la que vivimos y buscar soluciones que concuerden con una mejora de la situación colectiva. Reasumamos una misión cívica para reflexionar sobre nosotros mismos como constructores de futuro. Evitemos la amnesia histórica.

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